CARTA ABIERTA A LOS RELIGIOSOS DE LA DIÓCESIS
Queridos religiosos y religiosas:

Os agradezco en segundo lugar todo lo que hacéis en la Iglesia y con la Iglesia a favor de la evangelización y del desarrollo integral de la persona. Son múltiples las actividades pastorales en las parroquias y en los centros de culto, ocupándoos, junto con los catequistas seglares, de la formación cristiana de los niños, de los jóvenes y de los adultos. Así manifestáis vuestra pasión por Cristo y por los hombres. Los religiosos no sólo tenéis una historia llena de servicios extraordinarios a la evangelización, sino un futuro por construir, con el que estamos todos comprometidos.

n Enfermos que curar: Siervas de Jesús en el Hospital General.
n Transeúntes que acoger: Refugio para transeúntes (Siervas de Jesús).
n Discapacitados psíquicos mayores: una obra magnífica a cargo de las Hijas de la Caridad.
n Ancianos, especialmente aquellos que no pueden pagar otras Residencias: Hermanitas de Ancianos en Piñeiros y Viveiro.
n Niños de familias desestructuradas: Hijas del Divino Celo en Burela, Esclavas de la Inmaculada Niña en Viveiro, Apostólicas de Cristo Crucificado en Barqueiro.
n Colegios: en Ferrol, Compañía de María (San Amaro y Lestonac), La Salle , Cristo Rey, Discípulas, Mercedarios y Mercedarias; Salesianos y Terciarias Franciscanas de la Purísima en Foz e Hijas de la Caridad en Ribadeo.
n En el mundo rural: Abadín (Sagrada Familia de Burdeos), Moimenta (Franciscanas de la Madre del Divino Pastor), Fraternidad Reparadora en Bretoña, Ortigueira y Vares, en Guitiriz, Apostólicas de Cristo Crucificado y, por fin, las Hijas de la Virgen de los Dolores en Ferreira.
n Parroquias: Claretianos (Ferrol y Baltar).
n Marginación: Oblatas.
Seguid buscando a Dios en los hermanos más pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia (cf. Lc 4,18) con los que compartís vuestra vida y misión. Pienso también en el testimonio, a veces arriesgado, de los religiosos misioneros en circunstancias frecuentemente difíciles y recuerdo, si no me falla la memoria, que las Hijas de la Caridad fueron las primeras en atender a los enfermos de Sida cuando esta enfermedad despertaba muchos recelos.
Contad con las oraciones de vuestro Pastor y, sobre todo, con la ayuda del Señor y de nuestra Madre María, la primera y más perfecta consagrada.
+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Mondoñedo-Ferrol
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